La sonda china Chang'e-4 intentará crear una pequeña biosfera
en la luna: ¿Qué vendrá después?
Publicado: 3 ene 2019. RT en español
La nave, que ha superado un gran reto tecnológico, lleva a
bordo muestras de diversas especies vivas para observar su comportamiento en
condiciones de baja gravedad.
El explorador lunar Chang'e-4 aterrizó con éxito a las 2:26
UTC de este 3 de enero en la cara oculta de la Luna, que nunca antes se había
explorado. De esta manera, el país asiático se ha convertido en la primera
nación en la historia de la humanidad que logra hacer aterrizar con éxito una
sonda en esta zona lunar.
La importancia de la misión de la Chang'e-4 –que debe su
nombre al de una diosa que, según la mitología china, habita en la Luna–
radica, precisamente, en que el sector lunar que explora tiene una composición
diferente a todos los demás puntos visitados hasta el momento.
El investigador Yingzhuo Jia, de la Academia de Ciencias de
la Universidad de China, y su grupo de trabajo, detallaron que, además de
estudiar el llamado 'lado oscuro' de la Luna, intentarán realizar un estudio
radioastronómico de baja frecuencia de su superficie y diversos análisis
topográficos y de la composición mineralógica de la región.
La primera flor en la Luna
Además, la sonda lleva en su interior muestras de seis especies
vivas: algodón, colza, papa, arabidopsis, mosca de la fruta, huevos de gusanos
de seda y levadura. El objetivo es observar la germinación, el crecimiento y la
respiración de estos organismos en las condiciones de baja gravedad existentes
en la superficie lunar, e intentar crear una 'mini-biosfera', que podría
producir la primera flor en la Luna.
Este experimento biológico fue diseñado conjuntamente por 28
universidades chinas, bajo el liderazgo de la Universidad de Chongqing, en el
suroeste de China, y fue anunciado en la primavera de 2018 en una conferencia
sobre innovación científica y tecnológica de la misma localidad.
¿Qué es exactamente la cara oculta de la luna?
La Luna órbita entorno a la Tierra desde hace más de 4.500
millones de años. Durante este tiempo, la fuerza gravitatoria de nuestro
planeta ha influido en la velocidad de rotación de la Luna hasta forzar una
sincronía con su propia órbita.
Como resultado, tiene lugar un fenómeno llamado rotación
sincrónica, que consiste en que la velocidad de rotación de la Luna (el giro
sobre su propio eje) es igual a la de su traslación (su trayectoria alrededor
de la tierra). Eso provoca que desde la tierra siempre se vea el mismo lado de
la Luna y la otra mitad permanezca oculta, fuera de nuestro alcance visual.
Soluciones nuevas a grandes dificultades
La razón principal por la que nunca antes se había logrado un
alunizaje en esa zona es la extrema dificultad de las comunicaciones, que
quedan inexorablemente interrumpidas por la propia masa de la Luna, que se
interpone entre los centros de comunicación de la Tierra y la nave.
Para solucionar este inconveniente, los responsables de la
misión Chang'e-4 han situado un satélite de retransmisión en órbita alrededor
de un 'punto de libración' más lejano que la Luna, llamado L2.
Los puntos de libración –o puntos de Lagrange– son las cinco
posiciones en un sistema orbital en las que un objeto relativamente pequeño,
solo afectado por la gravedad, puede permanecer estacionario con respecto a dos
objetos más grandes, como es precisamente el caso de un satélite artificial con
respecto a la Tierra y la Luna.
Para esta misión, estos puntos ofrecen la ventaja de que la
atracción gravitatoria combinada de las dos masas –la Tierra y la
Luna–proporciona la fuerza centrípeta necesaria para que un satélite pueda
rotar sincrónicamente con la menor de ellas.
El satélite colocado en L2 se llama Queqiao, y es desde luego
un valioso enlace de comunicación entre el vehículo explorador y sus
controladores en la Tierra. Sin embargo, como las señales de radio deben
recorrer una distancia mayor, se da un considerable retraso en las
comunicaciones de ida y vuelta, lo cual significa que cualquier vehículo
situado en el lado lejano de la Luna, incluido el Chang'e-4, debe tener cierta
autonomía para poder seleccionar su sitio de aterrizaje y sortear ciertos
peligros.
¿Qué vendrá después?
Aterrizar en la cara oculta de la Luna, observar especies
vivas en el entorno desértico lunar... ¿Hacia dónde se dirigen los esfuerzos de
China en el ámbito espacial?
Es difícil precisarlo a largo plazo, pero de momento, el
próximo paso ya está perfilado, y consiste en lanzar la nueva versión de esta
sonda, Chang'e 5, en el año 2020, con la misión específica de recoger muestras
del suelo lunar y traerlas de regreso a la Tierra.
Hay que recordar además que el programa espacial
chino ya contempla la construcción de una estación espacial, la Tiangong-3, que
podría estar terminada en el breve plazo de tres años. Además, para 2030, el
gigante asiático se ha propuesto enviar una misión tripulada a la Luna.

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